
Todo es consecuencia directa del pensamiento emitido (consciente o inconscientemente) y apoyado en calidad y el voltaje propio de esa concienciación. Se refiere al hecho de que el deseo en si es un mandato.
Cada pensamiento-deseo que emitimos afecta en nuestro mundo en proporción a nuestra energía y se materializa instantáneamente acorde con el nivel de conciencia.
El mero pensamiento no es suficiente. Tenemos que generar magnetismo, la fuerza con la más altas vibración de lo que llamamos “divino” aun dentro de nuestra corporeidad.
La oración es una forma simple y directa de aplicación de la ley.
Un buen ejemplo el Padre Nuestro para el autoabastecimiento y sanción.
“Padre nuestro que estas en los cielos…” Dirigimos nuestra emoción y atención más allá de lo visible y tangible hacia la causa primera, lo que nos abastece.
“Santificado sea tu nombre” Confirma la conexión con ese elevado código interior y sentimiento de solemnidad y reverencia que produce.
“Venga a nosotros tu reino” Con esta petición estamos evocando la perfección de nuestra realidad.
“Hágase tu voluntad…” Deberá ser emitido con el poder que surge del vínculo de nuestra mente con la causa primera que engendra todo lo que es. Ese deseo hace que nuestro pensamiento se eleve al plano de la Mente Superior, donde cuenta con Visión real y poder de aplicación.
“Aquí en la tierra como en el cielo” (Como es arriba es abajo) Mientras nos movemos en el plano físico somos un reflejo del inmaterial. Desde nuestra humanidad colaboramos con la voluntad divina y la Realidad preexistencial.
“El pan nuestro de cada día dánoslo hoy” Nos revela específicamente como seres vulnerables en el mundo material.
Alude a nuestras carencias y derechos. Sin exigencias recogemos lo que nos es debido, como criaturas dentro del amplio espectro de manifestaciones del Ser.
Carecemos de algo sólo como consecuencia de circunstancias que nosotros atraemos. Explicado en la Ley de Karma o causa efecto refleja el circulo. Al recibir lo que en algún momento proyectamos.
Pedir requiere una digna humildad y que utilicemos nuestros recursos (nuestro legado humano-divino) en la paliación de la ley. Aceptar el proceso: Centrarnos, saber lo que queremos, general la energía apropiada, sintonizamos con el resultado, sintonizarnos con el resultado, y aguardar su manifestación sin contaminación de duda o temor.
“Y perdona nuestras ofensas…”
Reconocemos nuestro egoísmo, ese mecanismo que nos lleva a mal usar nuestros poderes divinos inteligencia (Conciencia) y fuerza material (Física y de acción)
“Como nosotros también perdonamos a quién nos ofenden”
La verdadera liberación se produce como consecuencia de haber asumido la responsabilidad por la acción ejecutada. Como indica la ley de Atracción, para merecer y ser digno de lo que anhelamos primero hay que incorporarlo. “Igual atrae a igual” No podemos atraer y mucho menos administrar lo que no podemos evocar y sostener nosotros mismos.
“No nos dejes caer en la tentación” “Condúcenos mientras estamos siendo tentados”
De este modo invocamos la inspiración luminosa de la conciencia dentro de los pormenores y actividades diarias, para que podamos aprender las lecciones que nos llevan a la sabiduría necesaria para sostener ese estado consciente.
El coraje y la independencia que proviene del interior es lo único que puede liberarnos a Ser (lo que siempre fuimos) como Realidad inherente.
“Y líbranos de todo mal”
“Por que tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria para siempre”
En reconocimiento de la Perfección de la causa primera.
“Infinito y absoluto Estado del Ser supremo: Dios; vida eterna, amor y misericordia, manifestándote a Ti Mismo en Ti Mismo como sabiduría total todopoderosa, ilumina nuestras mentes para comprender como la Verdad.
Purifica nuestros corazones para reflejar Tu Amor hacia Ti, hacia todos los seres humanos”
Amén
Termina este diálogo íntimo como termina toda comunicación con lo divino, sellando nuestra “creación u oración con agradecimiento y profunda reverencia ante la potestad de la fuente.
Resumen de un escrito por Zulma Reyo