
La depresión no está causada por lo que nos ocurre, sino por lo que nos decimos un día tras otro, nuestro monólogo interior.
Ciertamente, todos portamos las heridas de la injusticia y el ultraje. El resentimiento con frecuencia empaña la gratitud, pero la gracia de este experimento consiste en dejar de lado nuestros reproches, por grandes que sean, y concentrarnos en los aspectos positivos, por pequeños que sean.
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