6/3/08

¿Qué puedo aprender de esta persona?

"Uno de los dibujos de Goya muestra un anciano decrépito, y debajo leemos dos palabras: Aún apriendo, (Sigo aprendiendo). Esto es la vitalidad intelectual. Esto es humildad.
En las relaciones con los demás ocurre otro tanto. Con frecuencia excluimos a priori la posibilidad de que los demás puedan enseñarnos algo nuevo. O bien optamos por reconocer que a nuestro alrededor se mueven personas que, con sus experiencias, sentimientos e ideas, sueños e ideales, pueden enriquecer nuestra vida a poco que nos detengamos y escuchemos.
Debemos tener el valor de preguntarnos: ¿Qué puedo aprender de esta persona? Aún apriendo"
Extracto del libro "El poder de la bondad"

Esta cita tan bonita y tan valiosa me viene muy bien para explicar el día de hoy.
Curioso como por sincronicidad he empezado el día y lo acabado reflexionando con un anciano.
A primera hora en el trabajo un residente viene a buscar consuelo en mí, se siente mal, dice que ya nada tiene que hacer, que nada tiene que aprender, que es una mierda llegar a viejo y que sólo hace estorbo. Pero se siente afortunado de encontrase físicamente bien. Literalmente "por lo menos yo aún puedo hacer bien de vientre, aunque me cueste más tiempo y me agobien para que termine cuanto antes". Me dice convencido, "Solo te deseo que no llegues a esta situación".
Me quedo sin saber que decir, no me esperaba que las diez de la mañana. Me dijeran eso.

A la hora de comer, me levanto de mesa y siento mi cuerpo rígido. Me doy cuenta, de mi inflexibilidad pero todavía no se ponerle palabras. Denoto falta de humildad.

Por la tarde, llega "el Petitó" a casa le saco su chaqueta y tira ( bajo mi parecer con menosprecio su chaqueta al suelo). Le digo que no son formas, que lo recoja y lo trate con el valor que merece. No parece que lo comprenda. Al tiempo pienso que mi actitud tal vez había sido desmesurada.

Mi amor (mi pareja) me explica que es un niño. Me cuesta aceptarlo, pero al fin y afortunadamente en mi reflexión solitaria me doy cuenta de mi actitud orgullosa. Esa inflexión de mi cuerpo que había notado, la veo ahora claramente en mi mente. Es la misma actitud cerrada e inflexible del anciano de la mañana, intolerante consigo mismo, le falta amor hacia si mismo.

Cuando me sereno, veo la necesidad de pedir perdón al Petitó. Es una necesidad personal mía, es dejar de cargar mi orgullo. Y de esa manera renovarme con humildad. El Petitó, no parece acceder con gusto a las disculpas. Pero eso ya me importa mucho menos. Que bien haber reconocido y librado de mis propios lastres!!!
Finalmente "el Chiki" cena y se come el postre en mi regazo. Que maravilla!!
Cuando he decidido escribir en el blog, ha aparecido ante mí esta reseña "Aún apriendo" Que maravilla, la sincronicidad!!
Puedo decir que estoy muy contento del día de hoy, con Humildad. Y gran gratitud hacia las personas que me rodean, especialmente a mis amores, mi familia que tantas cosas hacen que descubra de mí.

No hay comentarios: