Imagínate que eres un rey muy rico, poderoso y omnisciente. Además, la prioridad de tu corazón es el bienestar de tu gente. Todos los días se forma una larga fila de suplicantes que quieren hablar contigo.Está el mendigo, que gime y se arrastra por el suelo, humillándose desesperadamente para conseguir unas monedas. Es la eterna victima y tú sabes que si le concedes su deseo, gastará ese dinero de forma imprudente y mañana estará de nuevo pidiendo limosna.
El negociador dice: "Si tú me concedes esto, yo trabajaré para ti". El rey como omnisciente, puedes leer en su corazón, así que no te engaña.
Entonces llegan los manipuladores, agitando los puños: "Me enfadaré contigo si no me das un empleo". "Si no me ayudas me suicidaré". "Si no me das un respiro renunciare del todo, o se que más te vale que"... Desde la posición desapegada del trono, ¿que crees que vas a conceder esas solicitudes?
El siguiente peticionario es un pícaro. Se esta echando un farol, con una actitud de "vamos a ver lo que consigo"". Cree que vale la pena cursar una petición, pero no tiene intención alguna de cambiar. Lo siento, chico.
Detrás de él viene una mujer triste, con el rostro desmadejado. "No me merezco nada. Soy una mujer miserable pecadora, pero por favor, concédemelo de todos modos". Sabes que sus niveles de autoestima y amor propio, penosamente bajos, se encargaran pronto pierda aquello que tu le des.
A continuación aparece un persona ambiciosa: "Quiero más, más, más"
Por fin llega una persona que te mira a los ojos y dice: "Esto es lo que quiero conseguir. Estos son los planes que ya he puesto en marcha. Esto es lo que necesito de ti". Te bajas del trono, te conviertes e su asociado y le apoyas totalmente.
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