17/2/08

Cambiar la lástima por el respeto


Nací prematuro de cinco meses y medio; en la incubadora perdí la vista y una meningitis me dejó con cierta sordera...

¿Y cómo reaccionaron sus padres?

Con serenidad y firmeza. Tenían un bebé y lucharían con él para que llegara a ser un ciudadano. Tuve mucha suerte con ellos. El resto de la familia - también lo comprendo- no estuvo a la misma altura.

¿En qué sentido?

"Pobrecico, pobrecico, pero, ¡ay, qué desgracia más grande!", era lo que tenían que oír mis padres a menudo, pero seguimos adelante los tres, como un gran equipo. Lo eran. Y poco a poco, también el resto de la familia, al ver que yo salía adelante, empezó a cambiar la lástima por el respeto.


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Entrevista hecha en La Vanguardia, por Lluis Amiguet

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