Nací prematuro de cinco meses y medio; en la incubadora perdí la vista y una meningitis me dejó con cierta sordera...
¿Y cómo reaccionaron sus padres?
Con serenidad y firmeza. Tenían un bebé y lucharían con él para que llegara a ser un ciudadano. Tuve mucha suerte con ellos. El resto de la familia - también lo comprendo- no estuvo a la misma altura.
¿En qué sentido?
"Pobrecico, pobrecico, pero, ¡ay, qué desgracia más grande!", era lo que tenían que oír mis padres a menudo, pero seguimos adelante los tres, como un gran equipo. Lo eran. Y poco a poco, también el resto de la familia, al ver que yo salía adelante, empezó a cambiar la lástima por el respeto.
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Entrevista hecha en La Vanguardia, por Lluis Amiguet
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